Observatorio Z. Toma 2

Segundo relato de Observatorio Z. Esta vez de nuestro amigo Daniel del blog Verde Zona

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Un día inesperado - Observatorio Z - Especial relatos sobre apocalipsis zombie para leer online
Foto: pophipi


Un día inesperado


Aquella noche me desperté sobresaltado, bueno, en realidad todos en mi casa nos despertamos así por el ruido de sirenas, coches tocando el claxon, ruidos de los propios coches chocando entre sí y gritos, sobre todo gritos.

No sabíamos lo que pasaba por lo que decidimos asomarnos, nos pusimos la ropa del día anterior que estaba más a mano y salimos a la calle, muchos hacían como nosotros, se asomaban siendo presa de la curiosidad sin saber que esa era su perdición.

Mis vecinos, así como también mis tíos y primas, al vernos, cruzaron la calle, ya que vivían enfrente de mi casa en un bloque de pisos rojos, nos preguntaban si sabíamos lo que sucedía y no pudimos dar respuesta alguna.

Las personas que vivían unas calles más arriba corrían hasta llegar hacia nosotros pero no se paraban, intentábamos preguntar pero nadie decía nada, el miedo les vencía, sólo corrían calle abajo. En unos instantes lo comprendimos, o al menos así lo entendimos mi hermano y yo: ciertas personas cambiaban, éstas iban detrás de las que se apresuraban a correr  por la calle lo antes posible para salvar sus vidas; sin embargo, estas últimas no les  importaba su existencia, ya estaban muertas.

Justo en ese momento, la pareja joven que se situaba dos pisos por encima de mis tíos bajaron al portal con su hijo pequeño, de unos 5 años (que no paraba de llorar), y uno de aquellos no-muertos apareció y atacó al pequeño hasta matarlo. Todos gritamos asustados y (yo para mis adentros) sólo pensaba en que esto no podía estar pasando, lo que siempre había visto en películas, series y videojuegos, algo que tanto me gustaba ver por simple diversión, se hacía realidad, la humanidad había caído en decadencia hasta tal punto que sería nuestro fin.

Obligué a entrar a todos dentro, a cerrar puertas y ventanas, y a no hacer ningún ruido, excepto el de la televisión, la encendí con el volumen al mínimo, quería saber si sólo era a escala local o planetaria y, antes de que se cortaran las retransmisiones vimos que la epidemia y la locura se propagaban a una velocidad vertiginosa.

Inmediatamente, les dije a todos lo que sucedía o podría estar pasando, las personas que morían y se infectaban volvían a la “vida” para no ser otra cosa que depredadores de su propia especie, sin agotamiento, sin sentimientos, sin razón… pero con un único punto débil: el cerebro. No tenemos armas de fuego como en Estados Unidos, pero cualquier cosa contundente o afilada capaz de reventar o perforar el cráneo serviría, tendríamos que coger todo lo imprescindible como algo de comida y agua e irnos a la ferretería más cercana para coger mejores “armas” que un simple cuchillo de cocina.
Mis primas, Laura y Sonia, estaban paralizadas, quizás no se les quitaba la imagen de la cabeza del pequeño Mario convirtiéndose en alimento, de sus padres luchando para protegerlo, entre gritos y lloros y cómo al final acabaron muertos. Por igual, mis padres y mis tíos seguían incrédulos, creían que era una broma pesada, muy pesada, de todos estos “frikis” que le gustan los zombies como a mí.

En cambio, mi hermano Sergio, sí era más perceptivo y me dio la razón por lo que a regañadientes nos pusimos en camino todos. La ferretería más cercana a mi casa era la “Ferretería Santa Ana”, algo pequeña sí, pero tenían motosierras, varas de hierro, cadenas, cuchillos más grandes e incluso clavos grandes que nos servirían para poder defendernos llegado el caso.

Despacio, abrí la puerta que daba a la calle y todos me siguieron. Sólo eran un par de calles, subir por la pequeña cuesta que tenía mi calle, girar a la izquierda y volver a bajar, cruzar la calle del final y justo enfrente estaría nuestro principal objetivo.

Estábamos ya en mitad de la segunda calle, iluminada con farolas enganchadas a las fachadas de las casas, cuando vimos a un rezagado, dudamos de si era una persona o no, al estar detrás de un coche, un Renault, para ser exactos. Hice sonar el cuchillo que tenía en la mano con los hierros de la ventana más cercana y él reaccionó. Venía hacia nosotros con una única misión, comernos.

Al ser sólo uno, saqué el coraje necesario y cuando estaba lo suficientemente cerca le asesté un golpe en el cráneo tan fuerte como pude con el cuchillo y, entre sutiles gemidos quedó inmóvil. Mi familia me miraba con ojos desorbitados, no podían creer lo que había hecho. “Ahora, es matar o morir”, dije.

Seguimos calle abajo y al fin llegamos al cruce, sólo teníamos que que cruzar por la avenida general del pueblo, que era bastante amplia e iluminada. El inconveniente era que no estábamos solos, ya que un coche estaba empotrado en el pilar que hay justo en una zona amplia de la acera de enfrente, situado a la izquierda de nuestra ferretería, el claxon del coche no paraba de sonar y todos los habitantes de los alrededores que se habían convertido se estaban conglomerando en dicha zona. 

Agachados y entre los coches pudimos pasar perfectamente hasta llegar al cruce, sólo estábamos a unos metros cuando todos nosotros vimos perfectamente a gente conocida convertida en esos “seres”, apretando los ojos y la mandíbula solo pensaba en dejar atrás los sentimientos, ya no podía hacer nada por ellos, no me podía poseer el pánico, tenía que pensar en cómo salir de esta, cómo vivir a partir de ahora el día a día con miedo a no ver un amanecer más.

Los demás no pensaron así, gritaron sus nombres, consiguieron su atención y todo lo demás fue aterrador. Unos treinta zombies se acercaban, tanto mi hermano como yo estábamos intentando entrar rompiendo el escaparate mientras el resto de mi familia caía presa del dolor y el sufrimiento. Las lágrimas caían por nuestros rostros sin impedir que deslizasen por las mejillas.

Estábamos escondidos cogiendo todo lo que creíamos necesario para usarlo como arma, para piezas para otra arma o cualquier otra cosa cuando el dueño de la tienda nos sorprendió, al ser una de esas tiendas que compartían espacio con la vivienda no nos dimos cuenta hasta que fue demasiado tarde, un mordisco por la parte de atrás en el cuello, así fue como nos sorprendió Pedro y, como mi hermano cayó. 

Cogiendo todo lo que pude salí corriendo para escapar, cayéndome por los tropiezos, esquivando como buenamente podía a los cada vez más numerosos zombies llegué al cruce de la vía verde, una vía de tren antigua por la que era conocida como la vía del aceite, ya que los trenes transportaban principalmente el oro líquido, ahora con el paso del tiempo, se había convertido en una zona estupenda para hacer senderismo. Una vez allí pensé en una posibilidad y en unos amigos tan adictos como yo a las películas que ahora eran realidad, si tengo posibilidades, sería con ellos.

Así pues, como en la vía verde a altas horas de la madrugada no había ni un alma, o mejor dicho, recipientes, me fue fácil llegar hasta Jaén capital después de unas tres horas a pie. Después todo sería más complicado.

Afortunadamente, los móviles todavía daban señal, aunque leve, pude ponerme en contacto con ellos, estaban la mayoría vivos, habían hecho como yo, abrirse paso y coger todo tipo de arma útil para abrir cráneos. 

Consiguieron ir a recogerme entre el caos de la cuidad, después de una hora de “actualizaciones” de cómo lo consiguieron y discusiones sobre qué hacer ahora, llegamos a la conclusión de que ir al Berrueco sería la mejor opción.

El Berrueco es un castillo del siglo XII construido por los musulmanes sobre un espolón rocoso, haciendo así una estrategia formidable con el cruce de caminos que comunicaban Jaén, Martos y Arjona, además, con unas reformas actuales, como vallas, trampas, recogida de agua, etc y con un campo extenso el cual se puede aprovechar para cultivar, sería la fortaleza ideal para sobrevivir y comenzar una nueva vida.

Al llegar y “limpiar”, sólo había una media docena de no-muertos de los cortijos de los alrededores, empezamos a reformar todo aquello, poniendo tablones de madera para que hicieran de puertas, tapar ventanas, colocar verjas… fueron unos días agotadores en los que las reformas y el sustento fueron la única preocupación. Éramos en total unos seis, cuatro chicos, en los que me incluyo, y dos chicas por lo que en un par de semanas estaba todo preparado y sólo quedaba disfrutar de lo poco que teníamos y de vigilar constantemente.

Pasaron unos meses, incluso llegó el invierno, en todo este tiempo habíamos compartido lágrimas y sentimientos hacia aquellos que ahora no están con nosotros pero que, gracias a ellos seguimos hoy aquí.  Afortunadamente, con los zombies no había problema, las vallas y las trampas de sonido nos avisaban de que se acercaban e inmediatamente íbamos para acabar con ellos. Realmente vivíamos tranquilos, con algún que otro susto de vez en cuando pero que no era algo que no pudiéramos solucionar entre todos.

Sin embargo, la felicidad no es para siempre, al igual que nosotros, otro grupo más numeroso también tuvo la misma idea de cobijarse en el castillo. 

Cayeron en las trampas, que no eran mortales, al menos la mayoría, y al verlos nos sorprendió muchísimo y sobre todo nos llenó de alegría al ver a gente con vida.

Lamentablemente, no eran como nosotros, se habían convertido en carroñeros que robaban y se aprovechaban de los vivos para sobrevivir, eran al fin y al cabo como los no-muertos, no tenían sentimientos, solo querían aquello que les beneficiase.

Les abrimos las puertas, les dimos alimento y cobijo pero ellos nos quitaron de en medio como si fuéramos alimañas, sin remordimientos y por la espalda.

Eso da qué pensar en el ser humano, las personas vivas ante una cuestión de supervivencia como esta, no se diferencian mucho de los zombies.

Ahora, si lees esto, es porque mi existencia ha pasado a otro ser, para vagar por toda la eternidad hasta que, alguien, doy gracias a Dios de que sea pronto, me libere de este sufrimiento y pueda descansar en paz junto a los míos.

¡Otro día más muchos zombies más! ¡Menudo apocalipsis!

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16 comentarios:

  1. Muchas gracias Daniel por tu relato, dejaré que contestes tu mismo a los comentarios de esta entrada.

    Besitos :)

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  2. Gracias a ti por pensar en mí y dejarme colaborar en este proyecto ^^

    Un abrazo fuerte!

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  3. Madre mía, qué mal rollito... Jajajaja. Me ha gustado mucho. Un besote!!!

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    1. Es bueno saber que te ha gustado aunque te haya dado mal rollo jejeje.

      Besos!

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  4. Que negro lo pintas Daniel, aunque si hay algo que he aprendido de las películas de zombies... Es que hay que correr de ellos, pero más de los asentamientos en los que se hacinen personas!! Un ejemplo buenísimo es 28 días después...

    Por cierto... ¿Se podrá hacer compost con zombies? jijiji

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    1. Gran película esa, si señor.

      Pintarlo todo de negro... no sé, es más bien realista, estarás enfrentándote a dos bandos y una no para de crecer, da igual lo que aguantes, al final te unirás a uno.

      En cuanto al compost, sería interesante, al estar en descomposición nos podríamos saltar muchas fases para abonar jajaja.

      Un abrazo Marta!

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  5. Me ha super encantado. Da mucho miedo,incertidumbre, agobio y me he sentido como si viera una película, las imágenes se agolpaban en mi cerebro. Un relato genial.
    Un saludo

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    1. Muchas gracias Marisa, quizás con un poco más de libertad en cuánto a páginas ilimitadas se podría crear un ambiente más tenso y poder definir mejor a los personajes, pero me alegro de que te guste ^^

      Un abrazo!

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  6. En final da un poco de repelús uuuhhhhh, estoy deseando leer más relatos cojincito .)

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    1. Pues el lunes tienes otro muy, muy divertido :)

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  7. ¡Muy bueno! Me ha gustado mucho, ha sido muy intenso y de estas de leer "rápido" a ver qué pasa finalmente.

    Un saludo~~ ^^

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    1. Gracias, me alegro de que te haya gustado ^^

      Un abrazo

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  8. Muy buen relato. Qué mal cuerpo me ha dejado. Yo siempre he pensado en la idea del castillo cómo opción ideal en caso de apocalipis, o cualquier fortificación de las tantas que tenemos por España.

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    1. Gracias Aivic, las fortalezas siempre vienen bien en alguna situación de esas, por algo se construyeron, no?

      Abrazos!

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  9. Una historia muy cruda pero me ha gustado mucho, en especial el final. Cuando no queda otro remedio es mejor aceptar lo que está por llegar.
    Muy británico ^^

    Saludos!

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    1. Me ha gustado lo de británico jajaja por mucho que se empeñe la gente en sobrevivir o en finales felices en momentos como ese hay que ser realistas, acabarás muerto de una forma u otra.

      Muchas gracias por tu comentario, un abrazo fuerte.

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